20 de julio de 2017

[Casas, laceraciones...]

Por Eduardo Moga
 
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Eduardo Moga nació en Barcelona en 1962 y es doctor en Filología Hispáica por la Universidad de Barcelona, además de licenciado en Derecho. Como traductor, le debemos versiones de autores como  Frank O'Hara, Évariste Parny, Carl Sandburg, Charles Bukowski, Tess Gallagher, Ramon Llull, Arthur Rimbaud, William Faulkner o Walt Whitman. Como crítico, podemos encontrarle en cabeceras como Cuadernos Hispanoamericanos, Revista de Occidente, Quimera, Turia, Ínsula o Nayagua. Como editor, estuvo al frente de la ya mítica colección de poesía de DVD ediciones, entre 2003 y 2012, y, desde 2016, de la Editora Regional de Extremadura. Como poeta, finalmente, nos ha legado títulos como La luz oída (Premio Adonáis de 1995), El barro en la mirada (DVD, 1998), Cuerpo sin mí (Bartleby, 2007), Bajo la piel, los días (Calambur, 2010) o Insumisión (Vaso Roto, 2013), entre otros muchos títulos. Además, ha publicado libros de viaje como sus aplaudidas Corónicas de Ingalaterra (La Isla de Siltolá, 2016) así como compilaciones críticas como De asuntos literarios (Universidad de la Ciudad de México, 2004) o La disección de la rosa (ERE, 2015). En nuestra última entrega, Moga compartió un adelanto de su poemario Muerte y amapolas en Alexandra Avenue (Vaso Roto, 2017) con todos los lectores de Heterónima. De este poemario ha destacado Simón Viola "la multitud inundando por completo las calles y los locales públicos de Londres, contemplada desde la mirada del exiliado" como "el motivo que atraviesa todos los bloques del poemario: el extrañamiento, la soledad, el desarraigo".

19 de julio de 2017

Vuelve Tejada

Por Álvaro Valverde
 
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Razón de ser, de José Luis Tejada (El Puerto de Santa María, Cádiz, 1927), se publicó por primera vez en 1966, aunque en el prólogo se desmienta lo que reza en la contracubierta, esto es, que fue en el 67. Sólo por ese texto, firmado por Juan Bonilla –que el de Jerez me permita el exceso– ya hubiera merecido la pena rescatar este libro del injusto olvido, algo que no sólo tenemos que agradecerle a él, sino también al arriesgado editor Javier Sánchez Menéndez, un hombre convencido de que no sólo los poetas jóvenes merecen una oportunidad. Tejada no tuvo suerte, digamos, de pertenecer a una generación como la suya: la del 50. Tampoco le vino bien empezar a publicar tan tarde. Con todo y con eso, lo ha dicho mucho mejor el prologuista: “Las jerarquías literarias, el afán por reducir la literatura a una serie de nombres, la selección nacional de cada época, el hecho mismo de que las antologías suelan ser antologías de poetas y no de poemas, suele tener como consecuencia que los nombres de un buen número de poetas interesantes, verdaderos, queden rezagados u ocultos, fuera de los templos en los que se veneran a los autores del canon”. Más adelante advierte de “los riesgos que corre el deporte de dividir a los poetas en grupos generacionales”, que aquí se practica, “al menos, desde el 98”, y del peligro de “convertir la literatura –y la poesía– en una competición”. Y lo dice, claro está, porque esa es la razón de que, no ya poetas, libros, se hayan quedado en las cunetas de los manuales y, en consecuencia, lejos de los lectores más desavisados. Por razones de edad, conozco la obra de Tejada desde joven, aunque, como tantos, no haya sido capaz, hasta ahora, de situarlo en el lugar que sin duda merece. Ya advierte Bonilla que Jaime Siles hizo por rescatar sus versos en la antología Desde un fracaso escribo (Fundación José Manuel Lara. Colección Vandalia, Sevilla, 2006), que pasó hace una década, ay, sin pena ni gloria.

18 de julio de 2017

Paradojas de Europa

Por Amador Palacios
 
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El primer contacto que tuve con La Noche de Europa fue en Cuenca, en la clausura del “Festival Poesía para Náufragos” en noviembre de 2015, en la sede de la Real Academia Conquense de Artes y Letras. Después de ser cabalmente presentado por el profesor y crítico Ángel Luis Luján, Dionisio Cañas, muy solemne, erguido, paseaba con buenas zancadas por la sala mientras iba leyendo fragmentos del poema reproducidos en hojas Din A3 que después arrojaba ceremoniosamente al suelo. Atrayente puesta en escena, gravedad en la dicción, contenido de lo leído, bronco compás de la lectura, cubrieron de emoción al público asistente. La edición de La Noche de Europa consta de varias partes: incorpora un disco, “Las 8 puertas de la noche” (cuyo contenido seductor posee una fuerte impronta autobiográfica, como en otras muchas realizaciones de Dionisio Cañas), incorpora también el acceso a la web accionrefugiados.es a través del código QR, configurándose el conjunto, en cierto modo, como un variopinto manifiesto; y su parte inicial (que conformaba la primera versión del libro seguida de un apéndice en forma de diario, conservado también ahora) está concebida como un único poema extenso, dividido en estrofas que, aunque toman la apariencia del poema en prosa, separan sus inequívocos segmentos (versos o, más bien, versículos) a través de muy prolongados guiones que crean así una contundente rapsodia dotada de una ostensible condición rítmica, especialmente respiratoria, y manifiestamente musical.

17 de julio de 2017

Serie Fatal y Destínez

Por Xaime Martínez
 
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Xaime Martínez nació en Oviedo en 1993 y es Graduado en Lengua Española y sus Literaturas por la Universidad de Oviedo. Poeta, narrador y músico -es el líder de La Bande-, ha formado parte desde su Asturias natal de movimientos artísticos tales como el colectivo poético "Mil Novecientos Violeta" o del "Patarrealismo Salvaje", también integrado por buenos amigos de Heterónima como Miguel Floriano y Diego Álvarez Miguel. Su poesía en castellano se encuentra principalmente en sus poemarios El tango de Penélope -Premio Universidad de Oviedo 2012- y, particularmente, Fuego Cruzado, publicado en Hiperión en 2014 y con el que obtuvo el Premio de Poesía Joven "Antonio Carvajal". Xaime también ha dado muestras de su narrativa, como en el volumen Los tres mil cuentos de Marcelino Tongo, escrito al alimón con Álvarez Miguel. Además, bajo el sello de Saltadera se ha editado recientemente Hibernia, un libro en el que recoge su poesía en astuariano, escrita antes de los dos poemarios mencinados. De la buena acogida de su obra poética nos habla la inclusión de Martínez en varias antologías como Re-generación (Valparaíso) y Nacer en otro tiempo (Renacimiento). Este joven escritor ovetense es además un activo colaborador de medios digitales e impresos como PlayGround, OcultaLit, La Nueva España, Rolling Stone, Anáfora o Litoral. Igualmente, pudimos disfrutar de su presencia en nuestra última entrega, donde colaboró con un conjunto de cinco poemas pertenecientes a su "Serie Fatal y Destínez".

16 de julio de 2017

Anna Kavan: el heterónimo utópico

Por Emily Roberts
 
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Anna Kavan nació como Helen Emily Woods en 1901 en Cannes, de padres británicos. Pasó su infancia en un internado en el sur de Inglaterra, y después fue obligada a casarse con un amante de su madre que trabajaba como oficial en la antigua colonia inglesa de Birmania (actual Myanmar), renunciando así a una beca para estudiar en Oxford. Kavan pasó a llamarse Helen Ferguson, y fue en Birmania donde empezó a escribir.  Tras un turbulento divorcio y dejar a su primer hijo con su exmarido, Kavan regresó a Inglaterra y se casó con el pintor Stuart Edmonds. O eso dice el mito de Anna Kavan. Lo importante es que fue entonces cuando comenzó a publicar, sin mucho éxito, hasta seis novelas pertenecientes al género de los “home counties”, novelas de corte doméstico que se centraban en los problemas derivados del matrimonio y otros pormenores de la pequeña burguesía inglesa. Sin embargo, allí ya encontramos, aunque presentados con un estilo algo tradicional, los temas que marcarían su narrativa: el abandono, las relaciones tormentosas, los horrores del matrimonio heteronormativo y la familia nuclear, la soledad, y la paranoia de vivir en una sociedad cada vez más parecida a una heterotopía Foucaultiana. En efecto, esta falta de empatía y de cuidados a menudo llevan a los personajes protagonistas a abandonarse a la locura o a la drogadicción –alternativas cuerdas ante una sociedad cada vez más esquizofrénica. Como dijo David Cooper, antipsiquiatra y activista, “todo delirio es un acto político”. Y así creo que debería definirse el delirio de Anna Kavan.

15 de julio de 2017

¿Muerte a lo lejos?

Por José Luis Bernal Salgado

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El Decano de nuestra Facultad de Filosofía y Letras, José Luis Bernal Salgado, es también vicepresidente del Centro Unesco de Extremadura y profesor de Literatura Española del Departamento de Filología Hispánica y Lingüística General de la UEx, de la que además ha sido secretario general. Es autor o editor de más de 30 libros y de un centenar de artículos en diversas publicaciones. Actualmente es uno de los principales especialistas en poesía del Veintisiete, siendo uno de sus editores más solventes. En 2007 ganó el prestigioso Premio Internacional de Investigación Literaria Gerardo Diego con su ensayo Manual de espumas. La plenitud creacionista de Gerardo Diego (Pre-textos, 2007). Además, Bernal Salgado es autor de tres poemarios, desde Primavera invertida (Editora Regional de Extremadura, 1984) y El alba de las rosas (ERE, 1990) hasta el reciente Tratado de ignorancia (De la Luna libros, 2015). De este último libro ha anotado Álvaro Valverde: "Desde la madurez, sí, que no se oculta, nos tememos que más allá de la mitad del camino de la vida, Bernal entona su íntimo canto, de carácter elegíaco, que, en efecto, no puede sustraerse, de una parte, a la melancolía y, de otra, a la celebración de este vivir en un tiempo acaso de descuento si consideramos el balance. Tal vez por eso se nota tanto que el poeta no necesita epatar, ni hacerse el interesante, ni recurrir a coheterías y otras retóricas para hacernos llegar por medio de la voz, apacible y meditativa, su pequeña verdad. Lo genuino, que diría Bishop". Tanto es así, que Valverde incluyó Tratado de ignorancia entre los diez libros fundamentales de aquel año en el suplemento cultural Babelia. No en vano, el poeta placentino ha afirmado en su blog que "Pocos versos ha dado José Luis Bernal a la imprenta, es evidente, pero eso no impide que se le considere uno de los poetas esenciales de la poesía extremeña y española de su época". En esta última entrega de Héterónima Bernal quiso publicar un sentido poema en el que el profesor, el decano, el poeta y sobre todo la persona se unen en una sola voz.

14 de julio de 2017

Punky Brewster

Por Berta García Faet

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Berta García Faet nació en Valencia, España, en 1988. Actualmente reside en Providence, en Estados Unidos, país donde lleva a cabo su doctorado en Hispanic Studies en la Brown University. Es autora de los poemarios La edad de merecer (La Bella Varsovia, 2015), Fresa y herida (Diputación de León, 2011), Introducción a todo (La Bella Varsovia, 2011), Night club para alumnas aplicadas (Vitruvio, 2009) y Manojo de abominaciones (Ayuntamiento de Avilés). Al hilo de su último poemario, Los salmos fosforitos (La Bella Varsovia), ha escrito Martín López-Vega: "Libro a libro, Berta García Faet se va consolidando como una de las voces más firmes de la poesía española de hogaño. Su nuevo libro es un ambicioso intento de poesía total, un diálogo con otras voces a base de subrayados, tachaduras y enmiendas en el que surge la voz más personal de una de las poetas más únicas de ahora". García Faet ha sido distinguida con diversos premios como el V Premio de Poesía Joven “Pablo García Baena” (ex aequo) en 2010, el VII Premio Nacional de Poesía “Ciega de Manzanares” de 2008 o el Premio Nacional de Poesía “Antonio González de Lama” en su edición de 2010. Ha sido incluida en antologías como Nacer en otro tiempo (Renacimiento, 2016), Miradas para compartir la luz (Boreal, 2016), Tenían veinte años y estaban locos (La Bella Varsovia, 2011) o Serial (El Gaviero, 2014). En esta última apareció el poema que ahora, nuevamente, puedes leer desde las páginas de Heterónima.

13 de julio de 2017

Cinco poemas inéditos

Por Miguel Floriano

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Miguel Floriano vino al mundo en la ciudad de Oviedo, el año de 1992. Ya en esta década, este joven poeta ha publicado títulos como Diablos y virtudes (Seleer, 2013), Tratado de identidad (Oblicuas, 2015), Quizá el fervor (La Isla de Siltolá, 2015) y Claudicaciones (Renacimiento, 2016), además de la plaquette Solícito adiós (poemas acuciados) (Heracles y Nosotros, 2015) y, junto con algunos compañeros de generación, Principios Organizativos del Patarrealismo Salvaje (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2016). Sus versos se incluyen en las antologías Diversos (Círculo Cultural de Valdediós, 2015), y Re-generación (Valparaíso Ediciones, 2016). Poemas suyos se recogen en las revistas Círculo de poesía, Estación Poesía, El cuaderno, OcultaLit y Anáfora. Ha preparado, junto a Antonio Rivero Machina, la antología Nacer en otro tiempo (Renacimiento, 2016). Ejerce esporádicamente la crítica literaria en diversas plataformas y publicaciones, entre ellas desde su blog Lujuria crítica. "Ciertamente, la escritura de Miguel Floriano se encuentra dominada por la ‘lujuria’ crítica y el ‘fervor’ poético", afirmó Rivero Machina en esta revista. Sobre Floriano también ha escrito Aitor Francos, señalando cómo "la musicalidad de sus versos surge de lo innato, casi de un compás primigenio y de una inteligentísima visión del fulgor. Genuino (salvo por el incuestionable parecido con Mercury), sospechamos los amigos que el alma de Rimbaud o de Hölderlin anda protegiéndole desde algún oscuro subterfugio mental. Aún con su naturaleza impaciente y arrolladora, se le perdona todo porque sabemos que se siente desde hace años perseguido y asediado por la enmascarada sombra del talento y porque su amistad es leal y sincera". En este número de 2017 este enérgico e inagotable talento poético comparte con nosotros cinco poemas inéditos que podéis volver a leer aquí.

12 de julio de 2017

Donde habite el olvido

Por Pilar Galán

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Mi madre decía que la novela que más le gustaba era una que daban por la dos, todos los días, después de comer. Iba de un rey con muy mal carácter (muy levantisco, decía ella), que recorría sus posesiones sembrando maldades a diestro y siniestro. Hoy mataba a una doncella, mañana a unos enemigos, y así. Estaba casado con muchas mujeres, aunque no hacía caso a ninguna nada más que para Eso, con mayúsculas (aquí mi madre me miraba cómplice, y yo no podía evitar bajar los ojos, como cuando era pequeño), y el resultado era que estaba cargado de hijos que se le iban de casa enseguida. El rey era africano, pero no negro, (esto parecía importarle mucho) y tenía un pelazo igualito, igualito al de tu padre cuando era joven. Yo la escuchaba como siempre, pensando en otras cosas, con la cabeza fuera de ese salón pequeño, invadido de muebles, medicinas y fotos y presidido por una televisión prehistórica. Parecía mentira que allí hubiéramos pasado tardes enteras los cinco hermanos. Yo era el que más iba a verla, y el que mantenía un poco el orden, por eso cuando mi madre murió por una complicación de la anestesia durante la operación de cataratas, me tocó a mí abrir armarios y vaciar cajones antes de poner la casa en venta. Para mi sorpresa, lo que iba a ser tarea de un sábado se convirtió en una obligación que no pude acabar antes del lunes. Mi madre guardaba todo: nuestros boletines de notas, estampas de la Virgen, recortes de periódicos donde aparecían fotos de gente que se nos parecía mucho, facturas, recibos...Agobiado, pedí ayuda a mis hermanos y acordamos quedar después de comer para repartir todo y tirar lo que no sirviera.

11 de julio de 2017

Entre la investigación y el artefacto

Por Antonio Rivero Machina

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La propuesta lanzada por Amador Palacios en La flor de humo (Ediciones Vitruvio, 2015) constituye, como poco, todo un desafío. Un enorme desafío para su autor, por las razones que ahora diremos. Un sugerente desafío, igualmente, para el lector, por motivos semejantes. Efectivamente, Palacios ha titulado –y sobre todo subtitulado– su extenso estudio sobre el poeta palentino de la siguiente manera: La flor de humo (Autobiografía apócrifa de Gabino-Alejandro Carriedo). Con este artificio, declarado desde el mismo punto de partida, Palacios se sitúa en un espacio indeterminado entre la biografía, la ficción –desde el momento en que un Carriedo póstumo se narra– y el ensayo crítico. Un ejercicio de funambulismo prácticamente imposible en el que resulta muy difícil cruzar al otro extremo del fino cable tendido sobre el abismo sin alguna vacilación. Palacios, en cualquier caso, cruza el abismo. No es pequeña hazaña.
Pero es que la cosa no se queda aquí. En la portadilla de La flor de humo advertimos un segundo subtítulo que reza así: Un relato interpretativo de la poesía española durante el franquismo. ¿Estamos pues ante una monografía sobre el autor de La sal de Dios o ante una panorámica de la poesía española durante las décadas centrales del siglo XX? La respuesta, como ya sospecharán, es que ambas –y, si somos puristas con los géneros académicos, ninguna–. Ya avisábamos: La flor de humo es todo un reto desquiciante y delicioso.

10 de julio de 2017

Dos poemas de Meh

Por Diego Álvarez Miguel

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Diego Álvarez Miguel nació en Oviedo en el año de 1990. Pese a su juventud, acredita ya una solida trayectoria literaria. Arrancó esta con Un día, tres otoños (Ed. Torremozas, 2012), a la sazón merecedor del Premio Gloria Fuertes de poesía joven. Posteriormente, la Universidad de Oviedo le otorgó el II Premio de Narrativa por el libro Los tres mil cuentos de Marcelino Tongo (Ed. Ediuno, 2012), escrito al alimón con Xaime Martínez. La misma universidad le concedió, igualmente, el IV Premio de Poesía por el libro Lugares últimos (Ed. Ediuno, 2014). Su solidez poética se confirmó, finalmente, con Hidratante Olivia (Ed. Hiperión, 2015), obra ganadora del XXX Premio de poesía Hiperión. Con semejante trayectoria, su poesía ha sido recogida en antologías como Nacer en otro tiempo (Ed. Renacimiento), Re-generación (Ed. Valparaíso) o Siete mundos. Selección de nueva poesía (Ed. Impronta). También ha publicado poemas en revistas como Anáfora, Litoral, Estación Poesía, Círculo de Poesía o Piedra del Molino, entre otras. Diego Álvarez Miguel también ha traducido el libro Los usos del cuerpo, de la poeta estadounidense Deborah Landau y Prodigals, un libro de cuentos de Greg Jackson, ambos previstos para este año 2017 en la editorial Valparaíso Ediciones. A todo ello debemos sumar que octubre de 2016 publicó su primera novela, En sus manos ardió el bosque (Ed. Destino) y que dirije con gran acierto y tino la revista literaria Oculta Lit. Por último, pero no menos importante, Álvez Miguel se cuenta entre los fundadores del movimiento literario Patarrealismo Salvaje, con el que he publicado el libro Principios Organizativos del Patarrealismo Salvaje (Ed. Ya lo dijo Casimiro Parker, 2016). Recientemente, Diego ha publicado su último poemario, Meh, publicado en la editorial Valparaíso. En el último número de Heterónima ya nos adelantó dos de sus poemas. Y allá van.

9 de julio de 2017

Cristalizaciones. Tres poemas

Por Basilio Sánchez

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Basilio Sánchez nació en Cáceres en 1958 y con su primer libro, A este lado del alba, logró un accésit del premio Adonais de Poesía en 1983, publicado al año siguiente. Tras la publicación en 1993 de Los bosques interiores, su obra poética está compuesta por los siguiente títulos: La mirada apacible (Pre-Textos, 1996), Al final de la tarde (Calambur, 1998), El cielo de las cosas (Editora Regional de Extremadura, 2000), Para guardar el sueño (Visor, 2003), Entre una sombra y otra (Visor, 2006), Las estaciones lentas (Visor, 2008) y Cristalizaciones (Hiperión, 2013). Ha publicado, también, dos libros de narrativa, próximos al género de las memorias, El cuenco de la mano (Littera Libros, 2007) y La creación del sentido (Pre-Textos, 2015). El conjunto de su obra poética está recogido en el volumen Los bosques de la mirada. Poesía reunida 1984-2009 (Madrid, Calambur, 2010). Además de aquel accésit del Adonais y de un accésit del premio Jaime Gil de Biedma, ha sido galardonado con el Premio Internacional de Poesía Unicaja, el Premio Internacional de poesía Tiflos, el Premio Extremadura a la Creación a la Mejor Obra Literaria de Autor Extremeño (2007) y el Premio Ciudad de Córdoba “Ricardo Molina”. A todo esto, Basilio Sánchez es Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Extremadura y ejerce como especialista en Medicina Intensiva.
El poeta ha querido compartir con Heterónima tres poemas de su espléndido poemario Cristalizaciones. Este libro y la poesía de Sánchez en general han sido carazterizados por Yolanda Izard por "la tensión entre una mirada serena, pero con un acendrado soplo de tristeza, sobre la naturaleza, y la de quien vierte una meditación nostálgica con un fondo metafísico-existencialista sobre la fugacidad de la propia vida, el desengaño y la identidad del hombre como poeta". Vayan pues aquí los poemas.

8 de julio de 2017

Dos poemas inéditos

Por Dafne Benjumea

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Dafne Benjumea nació en Sevilla en 1993 y es graduada en Filología Hispánica. Actualmente trabaja como editora en la revista OcultaLit y ha colaborado con diversos poemas en revistas como Anonimato, Telegráfica, Digo.Palabra.Txt, así como en la antología de poesía joven La generación de la sangre (Sevilla, Editorial Ultramarina Cartonera y Digital, 2014). También ha participado en varios eventos de poesía como Grupo Áureo, Nuevas Miradas Ultramarinas y Actos Poéticos, nuevamente en la ciudad de Sevilla. Además, durante su estancia en Pisa, Italia, realizó la performance La grotta di Antigone dirigida por Diana Marcheschi. Aún estamos a la espera de su primer libro de poemas, por lo que es pronto para emitir juicios sobre su obra lírica. No obstante, Dafne Benjumea apunta ya una poética interesante, preocupada por temáticas contemporáneas sin renunciar al influjo de los clásicos. En el último número de Heterónima nos ofreció un nuevo adelanto de su poesía en ciernes con estos dos poemas inéditos: "Pandora" y "Cover de un poema de Safo". Os invitamos encarecidamente a su lectura.

7 de julio de 2017

En otros veranos

Por José Manuel Sánchez Moro

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Jaime tenía una moto verde que no hacía ruido. Para descender las cuestas del pueblo que daban a nuestro bar de reunión solía desactivar el motor y darle la utilidad que se le da a una bicicleta. A Jaime le gustaba comer bien y contarnos que la noche de antes del día convenido para una de nuestras reuniones se había visto con un hombre del mundo del cine, un tipo de segunda fila venido a menos, que, en una ocasión, tuvo a Sara Montiel sentada en su pierna tanto rato que la doncella se le meó encima. Tenía una moto verde que no hacía ruido y unos zapatos que seguían la moda de la capital. A veces, cuando daba a la moto utilidad de bicicleta, dejaba las piernas fueras y girando la cintura se aferraba al manillar en una pose chulesca y relajada, atrevida y llamativa, que acompañaba con un cigarro colgado de sus labios. Su abuelo fue marisquero pero gustaba de la casquería; su familia comerciaba con jamones por aquel entonces pero a él le podía el marisco. Le gustaba comer bien y solía contar que en la capital tenía una novia rubia y guapa. Tan rubia y tan guapa que no la merecía.
A Jaime, que vivía en la capital, y a Sebas, que se metió en la Universidad de su ciudad para ser el primero en calificaciones de su promoción hasta convertirse en Doctor, solo los veíamos en verano. Miguelito, Marcos y yo, por aquello de que teníamos parentesco familiar en el pueblo y no era como para los otros dos un simple lugar de asueto, coincidíamos también en los días grises de navidad. Sebas era decididamente feo. El más feo de los cinco. Pese a ello, era, y porque de tan rubia y tan guapa como nos vendía Jaime a la suya la dimos por inexistente y producto de su fanfarronería, el único de todos que tenía novia. Sebas nos contaba historias sobre cómo sería su vida una vez consolidado como profesor de Teoría de la Literatura o Literatura Barroca en la Universidad. Las que más nos gustaban eran aquellas en que preguntaba a las mujeres –sin haber libro de por medio- acerca de las vestimentas que debería lucir en la presentación de su primera novela. Daba cuatro opciones: camisa a cuadros, una; americana y camisa a cuadros, dos; americana y polo negro bien abotonado, tres; y cuatro, polo solo, acompañado de un reloj voluminoso. Al tener respuestas, categorizaba a las mujeres con facilidad. Las de urbe optaban por una determinada estética, muy diferente a las preferencias de las vinculadas a ambientes rurales. De igual modo, la segunda opción era la preferida de aquellas que frecuentaban discotecas, mientras que era el primer descarte de las que preferían bares de raigambre norteamericana, hipsters o bohemios.

6 de julio de 2017

Los límites de la representación

Por Óscar Díaz

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Óscar Díaz nació en Langreo, Asturias, en 1997. En 2015, con apenas diecisiete años, se reveló como poeta maduro alzándose como ganador del XI Premio Nacional de Poesía Joven Félix Grande. Lo logró con Rosa hermética (Universidad Popular José Hierro, 2015), su primer poemario. Ya en 2016 salía a plaza pública su segundo libro bajo el título de El sentir. Poemillas del ahora (La Isla de Siltolá, 2016). Por la poesía desplegada en ambos poemarios logró ser incluido en la antología de poesía joven Nacer en otro tiempo (Renacimiento, 2016). Del primero de estos libros ha señalado Paula López Montero lo siguiente: "El hermetismo del lenguaje para nombrar las cosas que por sí solas no tienen mundo, la construcción perfecta y rítmica de una poesía que busca la belleza de la rosa, de la Naturaleza. Para entender el poemario hay que apreciar las espinas que serán introducidas en la carne del propio hermetismo y también quizá para desvelar, abrir los pétalos del propio simbolismo". Tras la publicación del segundo libro, Miguel Floriano ha anotado que "La poesía de Óscar, que ha sufrido un cambio trascendente desde su primer libro, Rosa hermética (la herencia de Mallarmé, la virtualidad idealista del poema, las operaciones simbólicas, todo se ha atenuado de manera significativa para dar paso a una preocupación mayor por la melodía verbal)". En todo caso, como concluye Floriano, "Óscar es un poeta muy bien armado que conoce la necesidad de alejarse del lastre de significar, y que hace gala para ello de una insólita amplitud lingüística".  En la tercera entrega de Heterónima, este jovencísimo poeta asturiano comparte con nosotros un nuevo poema, testigo de los muchos caminos posibles en su todavía recién iniciada trayectoria poética.

5 de julio de 2017

Nacidos en los ochenta. Apuntes para un relato generacional

Por Urbano Pérez Sánchez

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Asiste a un grupo para dejar la cocaína. Paseamos por el barrio: un terreno baldío entre edificios, bares mugrientos, miradas torvas… Dentro de nada cumpliremos treinta y tres. Hemos conseguido eso que siempre deseamos mientras hacíamos la carrera, que el mundo se olvide de nosotros. * Sabemos lo del aborto por su hermana, lo que ha cambiado desde entonces. Pero aguardamos detrás de las convenciones, de las preguntas sin importancia: ¡tremendo el terremoto en Asia!, ¿sabéis que Bea se operó las tetas?, ¡este puente iremos a Cuenca!, ¿no os pasa que cuanto menos tenéis que hacer, más sucia y dejada está vuestra casa? A veces parece que algunas palabras estuvieran precintadas y sentimos la obligación de respetar ese límite, de permanecer detrás del cordón. La línea de la vida, la de la desesperación. Paralelas. Próximas por momentos. Ella está agarrada a ambas ahora mismo. Un ejercicio complejo. * Estamos fumando y dice Noséquién sin venir a cuento: “¿Qué futuro nos espera?” No contesto, nadie contesta. Dichosa manía de meternos solos en la olla y encender el fuego. * X le dice a Y que se siente mal, como despegada, cuando la gente a su alrededor está borracha o eufórica. Y le dice a X que le perdone, que se le ha terminado la copa y han puesto una canción que le encanta. * Vino y después Gin-tonics. El tío de la barba perfecta, amigo de amigos, y la charla sobre smartphones, parejas, restaurantes… ¿Podrías por una noche, por esta noche, dejar a un lado tu precaria vida y callarte un poco?.

4 de julio de 2017

Tres poemas inéditos

Por Rocío Acebal

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Rocío Acebal nació en Oviedo en 1997. Actualmente estudia el Doble Grado en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Carlos III de Madrid. Es editora de la revista Maremágnum y la autora del poemario Memorias del mar (Valparaíso, 2016). Ha participado en la antología Diversos (Círculo Cultural de Valdediós, 2015) y sus versos y críticas literarias han aparecido en publicaciones como la revista Anáfora o Los Diablos Azules, suplemento literario del periódico infoLibre. De su primer libro ha afirmado Gonzalo Grajera que "en Memorias del mar hay dos despertares: el poético y el existencial o personal. La autora toma conciencia del objeto literario al tiempo que asume el discurrir de su reloj vital, el primer síntoma de que la madurez ha venido. Ambos descubrimientos se nutren y, mutuamente, se benefician el uno del otro. Pero no todo es elevación y solemnidad en la dicción y la temática, también hay lugar para la ironía". Por su parte, Francisco Martínez Bouzas a dicho que "la poesía de Rocío Acebal es una muestra paradigmática de la interrelación entre poesía e identidad femenina, creatividad poética y género. Sus versos abordan el deseo y su relación con la construcción de la identidad en torno a un sujeto-mujer, no tanto objeto de deseo, sino sujeto activo. Con miradas plurales y quizás subversivas para ciertos constructos sociales. Sus versos, teñidos con frescores juveniles, nos acercan una mirada atenta y al mismo tiempo explosiva y melancólica sobre la construcción de dicho sujeto que se hace tal también en el amor y en el deseo". En esta nueva entrega de Heterónima la poeta asturiana comparte con nosotros tres poetas inéditos de sabor clásico y aliento contemporáneo.

3 de julio de 2017

Los Founding Brothers de Joseph J. Ellis

Por Gabriel Moreno González

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En la mañana del 11 de julio de 1804, a las orillas del río Hudson, dos protagonistas de la Revolución y la Independencia de los Estados Unidos se baten en duelo: Aaron Burr, vicepresidente de la Nación que comienza a caminar, y Alexander Hamilton, padre fundador del país y principal autor de los Federalist Papers. La generación que había luchado contra Inglaterra, que había creado un nuevo Estado fundado a través de esa joya jurídica que es la primera Constitución federal de nuestra historia contemporánea, contempló atónita cómo dos de sus más destacados miembros alzaban las armas en medio de la niebla tras contemplar, segundos antes, el río sobre el que se alzaría una de las ciudades más prominentes del planeta.
Pocas veces puede uno leer en The New York Review of Books la afirmación tajante de que un libro es de “los mejores”, un “logro duradero para la Literatura y la Historia”. Las frases altisonantes, más propias de las pasiones románticas tan ajenas a la pluma aséptica de los críticos literarios anglosajones, son extrañas también en el Oráculo mediático de la palabra escrita. Pero Founding Brothers, la impresionante historia novelada de quienes protagonizaron los primeros años de la que luego se convertiría en la mayor potencia mundial, mereció tales bautizos en la primera plana del periódico. No por nada su autor, Joseph Ellis, el erudito de la Guerra de Independencia y de la génesis de los Estados Unidos de América, ganaría el Premio Pulitzer con esta contribución imprescindible para los amantes de la Historia.
Hamilton y Burr. Con esa excepción teñida de sangre y tamizada por el halo romántico que perseguían conscientemente los propios duelos, comienza Ellis su obra maestra. Sobre el escenario donde el creador del primer banco nacional moriría desangrado, despliega el escritor la panorámica de unos Padres Fundadores que fueron, antes que nada, hermanos, compañeros, adversarios y amigos. Y es que en ocasiones, los hilos que conforman la Historia parecen concentrarse, cual madeja, en momentos concretos donde el devenir de los pueblos se forja en unos instantes de hercúlea gravedad, cuando una porción de hombres, a veces insignificante en número, se alza por encima de las soberbias Parcas. George Washington, Benjamin Franklin, John Adams, James Madison, Thomas Jefferson, Alexander Hamilton, Thomas Paine…reunidos en una misma sala, discutiendo sobre una misma resolución, viendo con la claridad que otorga el entendimiento el futuro que ellos, sí, ellos, están construyendo para las millones de personas que habitarían en siglos venideros un país con dimensiones continentales.

2 de julio de 2017

Il ritorno in A

Por Álex Chico

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Álex Chico nació en Plasencia en 1980. Es poeta, narrador y crítico literario. Se licenció en Filología Hispánica y tiene el DEA en Literatura Española. Sus poemas han aparecido en diversas publicaciones como Turia, Espiral, Cuaderno ático, Suroeste, Litoral, Estación Poesía, Librújula  o Paralelo Sur, entre otras. Su obra ha sido recogida en diferentes antologías como Punto de partida, Matriz desposeída, Todo es Poesía en Granada y Doce nuevos poetas. Ha ejercido la crítica literaria en diversos medios, algunos tan prestigiosos como Ínsula, Cuadernos Hispanoamericanos, Nayagua, El Cuaderno, Excodra, Revista de Letras, Clarín o Ex Libris. También colabora habitualmente en la revista Oculta Lit. Fue cofundador de la revista de humanidades Kafka y en la actualidad ejerce de profesor en un instituto de El Prat (Barcelona), además de formar parte del consejo de redacción de la revista Quimera. Es autor de los libros de poemas La tristeza del eco (Editora Regional de Extremadura, 2008), Dimensión de la frontera (La Isla de Siltolá, 2011), Un lugar para nadie (Editorial de la luna libros, 2013), Habitación en W (La Isla de Siltolá, 2014) y Espacio en blanco (Antología personal) (Ediciones Andesgraund, 2016). También ha publicado novelas y narraciones en Un hombre espera (Libros en su tinta, 2015) y Sesenta y cinco momentos en la vida de un escritor de posdatas (La Isla de Siltolá, 2016).
Su poesía reflexiona con madurez sobre el transcurrir de la memoria en los hombres, en sus viajes, sus afectos, sus peripecias. En palabras de Eduardo Moga, "sus poemas suelen reflejar a alguien que observa a solas el mundo: desde una habitación, por una ventana, o desde un mirador: cualquier lugar que permita un acceso contemplativo a la totalidad". En esta tercera entrega de Heterónima recogemos uno de los poemas más estimados por su autor.

1 de julio de 2017

Las gafas de Pessoa y otros poemas

Por Aitor Francos

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Aitor Francos nació en Bilbao en 1986. Licenciado en Medicina por la Universidad del País Vasco, es psiquiatra de profesión y prepara una tesis doctoral sobre el poeta Leopoldo María Panero. Es autor de los poemarios Igloo (Renacimiento, 2011), Un lugar en el que nunca he escrito (Renacimiento, 2013), Las dimensiones del teatro (La Isla de Siltolá, 2015), el libro de aforismos Fuera de plano (Cuadernos del vigía, 2016) y el de haikus Filatelia (Renacimiento, 2017). Ha aparecido en diversas antologías como Poetas Vascos en Castellano (Ed. Muelle de Uribitarte, 2009) y Nacer en otro tiempo (Renacimiento, 2016). Ha publicado en revistas como Nayagua, Microfilias, Zurgai y es reseñista en medios digitales como La Galla Ciencia, Koult y Oculta Lit. Con Igloo, además, logró el XIV Certamente Internacional Surcos de poesía de Coria del Río, y con Fuera de plano el  III Premio José Bergamín de aforismos.
La poesía de Francos sabe transitar por distintos registros e intereses, desde el haiku al poema largo. En él se aternan referencias literarias y culturales con la contemplación sencilla del entorno. En palabras de José Cereijo, "Se trata de una mirada sobre lo real distinta no por puro juego de ingenio (que puede estar presente a veces, pero sólo como medio, nunca como fin en sí mismo), sino por su complejidad, por la conciencia de que lo real es infinitamente múltiple y que por eso desborda los cauces, tan estrechos como falsos, de lo convencional". En este tercer número de Heterónima, Aitor comparte con nosotros tres poemas de su libro inédito Las gafas de Pessoa, con el logró ser finalista en la pasada edición del Adonáis.

22 de mayo de 2016

Juan Ramón Jiménez en un triángulo de algas

Por William Navarrete

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Por alguna razón que ignoro, cada vez que se evoca a Juan Ramón Jiménez (1881-1958), pienso en el parquecillo que en su memoria y paso por tierras de La Florida le consagró el Ayuntamiento de Coral Gables (barrio residencial que forma parte hoy de la megalópolis de Miami), uno de los sitios menos poéticos del mundo, rodeado de altas torres con ventanales de vidrio, en la zona más urbana de dicho barrio, exactamente en el cuchillo que forman las intersecciones de Alhambra Circle, Galiano Street y Merrick Way. La desoladora imagen no encaja con el recuerdo de los mejores versos de Romance de Coral Gables, el poemario escrito por Juan Ramón entre 1939 y 1942, un periodo que coincide con el ingreso del poeta, aquejado por una depresión nerviosa, en el Hospital de la Universidad de Miami.
El poeta de Moguer llega a Cuba después de salir de la península en 1936. Pocos poetas españoles – a excepción de Lorca y María Zambrano, y sin dudas con una intensidad diferente – se relacionarán tan íntimamente en esa primera mitad del siglo XX con la literatura cubana.  Apenas desembarcado en la Isla, en noviembre de ese mismo año, después de una breve estancia en Nueva York y Puerto Rico, Juan Ramón se pone en contacto con Fernando Ortiz, destacado etnólogo y entonces presidente de la Institución Hispanocubana de Cultura, e, inmediatamente, junto a este último, Camila Henríquez Ureña y José María Chacón y Calvo, se da a la tarea de reunir las voces poéticas contemporáneas de la Isla en una antología que se publicará ocho meses más tarde, en agosto de 1937. 
Escasamente mencionada, y para muchos completamente desconocida, la antología llevó por título La poesía cubana en 1936, publicada por la Institución Hispanocubana de Cultura, impresa en La Habana, y su edición fue precedida por unas breves palabras de Fernando Ortiz y un prólogo de Juan Ramón Jiménez (firmado en marzo de 1937). Al final de la selección, a modo de apéndices, se incluyó una Nota explicativa y la lectura de la presentación de la obra que Juan Ramón Jiménez realizó, en febrero de 1937, en un acto público organizado por la Institución a fin de revelar el nombre de los autores que se publicarían en la obra, así como un comentario final de Chacón y Calvo.

21 de mayo de 2016

“La de la poesía es una carrera de fondo”. Entrevista a Álvaro Valverde

Por José Manuel Sánchez Moro

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Álvaro Valverde nace en Plasencia (Extremadura) en 1959. Sobre sus espaldas, el trabajo de literaturizar la región extremeña, cuando yerma de ello estaba. Hijo de los tiempos de Ángel Campos Pámpano (con el que fundaría la revista hispanolusa en dos lenguas Espacio/Espaço escrito), Fernando Tomás Pérez o Miguel Ángel Lama, Valverde fue presidente de la Asociación de Escritores Extremeños, coordinó el Plan de Fomento de la Lectura en Extremadura entre 2002 y 2005 y dirigió la Editora Regional de Extremadura entre los años 2005 y 2008. Ha influido decididamente en las nuevas hornadas de poetas que le han seguido (contaba Jordi Doce, quien preparó su antología Un centro fugitivo para Ediciones La Isla de Siltolá, que rápidamente, apenas fue premiado por primera vez, le escribió para recibir su veredicto). Merecedor del IV Premio Fundación Loewe por Una oculta razón en 1991 (cuando era presidente del jurado Octavio Paz, al que Valverde, en entrevistas, ha calificado como una de sus más lúcidas influencias), su obra se expande por la gran mayoría de editoriales españolas de poesía: Visor, Hiperión, o las propias de la región extremeña, como De la luna libros y la Editora Regional, siendo, sin embargo, Tusquets Editores en la que con mayor asiduidad ha recalado. Ensayando círculos, Mecánica terrestre, Desde fuera y Más allá, Tánger han aparecido en la colección Nuevos Textos Sagrados de la editorial barcelonesa. Aunque se reafirme en su exclusiva labor poética, Valverde es autor de dos novelas, una de ellas, Alguien que no existe, aparecida en Seix Barral, y un par de libros de artículos. Como crítico literario y articulista ha visitado diarios, como ABC, Hoy o El Periódico de Extremadura y numerosas revistas (ahora, Turia, Cuadernos Hispanoamericanos y Clarín). Como lector (un lector generoso), regenta un blog personal donde, a diario, explica, fundamentalmente, todo lo nuevo que se hace y hay que tener en cuenta de la poesía escrita en castellano.

20 de mayo de 2016

El sentido y la creación de Basilio Sánchez

Por Sandra Benito Fernández

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Construir una memoria poética que entronca con lo colectivo: ese es el reto de Basilio Sánchez en La creación del sentido (Valencia, Pre-textos, 2015), que parte precisamente de los recuerdos más personales del propio autor que pone en pie el mapa de una ciudad que muchos identifican como la suya. Uno siente al leer La creación del sentido esa profunda convicción de encontrarse ante una obra que oscila constantemente entre la melancolía teñida de cierta inocencia ante los primeros coqueteos con la poesía y el ritmo relajado de una prosa que viste a las palabras –y no a la inversa–.
Basilio Sánchez (Cáceres, 1958) cuenta con una amplia experiencia como autor poético desde su primer poemario, aquel con el que consiguiera ser accésit del premio Adonáis, Al otro lado del alba (Madrid, Rialp, 1984). Por el camino, ha ido editando su impecable voz poética en Calambur, en Visor, en la Editora Regional de Extremadura, en la propia Pre-textos. Así hasta llegar al último volumen de poemas publicado hasta la fecha, el límpido testimonio de Cristalizaciones (Madrid, Hiperión, 2013). Se interna ahora Basilio Sánchez, sin embargo, en la prosa. Lo hace con esa exactitud en la elección de la palabra a la que ya nos tiene acostumbrados en su poesía. Algo de ello adelantaba en aquel último libro, entre sus Cristalizaciones, donde pudimos comprobar cómo esa comunión entre la vida y la literatura conforma uno de los temas nucleares para el poeta cacereño: «No nos basta solo con su presencia:/ las cosas necesitan ser salvadas,/ verse restituidas en su pérdida antes de que suceda». «El poema», recuerda la voz de aquel libro, «nos da las coordenadas de un espacio/ que inevitablemente tendremos que habitar/ solos o en compañía, para siempre».
Ese espacio común entre la literatura y la vida es el que explora Basilio Sánchez en La creación del sentido, donde el autor parece tirar nuevamente de un hilo tan frágil –el de la búsqueda de esa voz lírica que aquí nos narra desde los primeros años de la infancia– siempre a través de una emoción contenida pero indeleble. Esa es la gran conquista de este gran libro: la aparente sencillez con la que el escritor extremeño nos dibuja el recorrido por la creación de una voz poética propia que se narra desde la serenidad de los años pasados. Una difícil empresa que Sánchez cumple con puntualidad.

19 de mayo de 2016

El fervor de Miguel Floriano

Por Antonio Rivero Machina

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Dediquemos ahora unas líneas al fervor de otro joven poeta. Es Miguel Floriano Traseira (Oviedo, 1992) miembro de la autodenominada «curia secreta del Patarrealismo salvaje», si bien de secreta ya le va quedando poco. De manera constante y consciente, este grupo de jóvenes escritores asturianos –todos poetas y algo más– va asomando sus patitas salvajes por los umbrales del canon por venir. Sin embargo, las primeras huellas que esta sociedad poética nos va dejando sobre el parqué de nuestro parnaso, pese al desafiante epónimo con el que firman sus manifiestos colectivos, lejos de ensuciarlo con fango y ruido de ocasión –y no digamos más– hacen de la exigencia formal una de sus señas de identidad. Su desafío salvaje, aunque sé que se reservan otros registros en el cajón, va por estos últimos y domesticados derroteros. Y entiéndase esto último –lo de domesticado– como elogio, y no como desdoro. Porque el desafío de este grupo emergente –hacía tiempo que nuestra historia literaria no se encontraba ante una voluntad colectiva tan coherentemente premeditada– radica en su descarado fervor por tensar los límites y posibilidades del ejercicio poético más exigente.
Junto a Floriano, encontramos como patarrealistas destacados los nombres de Diego Álvarez Miguel (Oviedo, 1990), que con su Hidratante Olivia mereció el XXX Premio Hiperión en 2015; Xaime Martínez (Oviedo, 1993), quien también ha publicado en Hiperión su Fuego cruzado, a la sazón premio Antonio Carvajal en 2014; o el de Rodrigo Olay (Noreña, 1989), autor entre otros del poemario La víspera, publicado en 2014 en La Isla de Siltolá. Porque el caso es que, patarrealistas o no, Asturias prodiga últimamente jóvenes poetas a tener, como poco, en cuenta. Desde Pablo Núñez (Langreo, 1980), Sofía Castañón (Gijón, 1983), Carlos Iglesias Díez (Oviedo, 1983), Laura Casielles (Pola de Siero, 1986) o Alba González Sanz (Oviedo, 1986) a las más jóvenes Ruth Llana (Asturias, 1990), Sara Torres (Gijón, 1991) y Raquel Fernández Menéndez (Salas, 1993), entre otras voces. Todas ellas catalizadas por la excelente revista Anáfora, que suma ya cinco números desde mayo de 2014.
Es pues en este contexto digamos extraliterario en el que se inserta, como punto de partida, la iniciada trayectoria poética del autor de Quizás el fervor. Ha publicado también Floriano los poemarios Diablos y virtudes (Málaga, Seleer, 2013), Tratado de identidad (Barcelona, Ediciones Oblicuas, 2015) y la plaquette Solícito adiós (poemas acuciados) (Gijón, Heracles y nosotros, 2015). No escamotea tampoco un torrente de poemas por editar, junto a reseñas y comentarios diversos, en su Lujuria crítica, blog personal de elocuente título.

18 de mayo de 2016

Lo que cuentan mis hermanas, de F. J. Najarro Lanchazo

Por Miguel Ángel Lama

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Mucho y bueno puede escribirse sobre el panorama de la poesía de autores extremeños en los últimos treinta años; y mucho de lo mejor que podría escribirse constataría la realidad de los nuevos nombres surgidos en ese tiempo, unos nuevos nombres que han fundado su tradición —también— en la propia poesía de otros poetas nacidos en Extremadura publicada en los años ochenta del pasado siglo XX. Precisamente, la década en la que nacieron algunos de los poetas que, como Francisco José Najarro Lanchazo (Zafra, 1987), ocupan buen parte de las novedades poéticas de hoy: Silvia Gallego (1980), Álex Chico (1980), Urbano Pérez Sánchez (1981), Fernando Pérez Fernández (1984), Víctor Martín Iglesias, Víctor Peña Dacosta o Francisco Fuentes, todos del mismo año (1985), o Antonio Rivero Machina (1987). Es una satisfacción enumerar estos nombres que ya cuentan con uno o varios libros de poesía publicados; como lo es contar con otra promoción anterior de autores nacidos en los setenta, como Mario Martín Gijón (1979), la cosecha del 78 de José Manuel Díez, Luis María Marina o Julio César Galán, o Carmen Hernández Zurbano (1976) o Daniel Casado (1975), que fue el autor más joven de cuantos se incluyeron en el volumen de poesía de la antología Literatura en Extremadura que publicaron la Editora Regional de Extremadura y Del Oeste Ediciones en 2010. La obligada actualización de recuentos como aquel es el mejor síntoma de la vitalidad de un panorama literario lleno de hallazgos.
Lo que cuentan mis hermanas no es un nuevo libro de Francisco José —  «Paco»— Najarro; y es un libro nuevo. Es, principalmente, un ejemplo de una necesidad y de una confirmación. La necesidad de difusión y conocimiento de muchos libros que no superan unos escasos ejemplares o, al menos, una divulgación mínima. Por eso es una reunión de poemas representativos de La vespa amarilla (2009) y El extraño que come en tu vajilla (2012), sus dos primeros y únicos libros por el momento. La confirmación —en términos taurinos— es que se publica en Ediciones Liliputienses, que, desde 2011 viene haciendo una labor de edición de la poesía latinoamericana impagable, e igualmente de la poesía española, muchas veces en el formato de recopilaciones y antologías. Pero esta obra es algo más que eso; o, mejor, pide una explicación más precisa en la descripción de su contenido.

17 de mayo de 2016

De Homero a Javier Krahe. Pervivencia y reutilización de los mitos en la cultura popular

Por Jorge Carrillo Santos

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Son por todos conocidos los casos de poemas que se han convertido en canción gracias a las habilidades para la adaptación de algún músico, composiciones instrumentales que surgen de la intención de poner banda sonora a una obra literaria y motivos literarios que sirven para dar entrada o para cerrar una canción. Pero hablando de Javier Krahe podemos encontrar un sector muy amplio de su producción musical que toma textos literarios reformulándolos en lugar de musicalizarlos directamente. 
Si bien se declara seguidor de la poesía del Siglo de Oro español (obviando la importancia de la cultura grecolatina en la producción literaria de este periodo), en sus canciones no faltan influencias de otros periodos: desde obras de tradición clásica hasta la época contemporánea. Lo verdaderamente importante no es el uso de fuentes literarias para la construcción de sus canciones, sino que, más allá del motivo que más le convenga, basa su producción en transgredir esa barrera cronológica que articula nuestro modelo de estudio literario para conseguir actualizar los textos, lograr que pervivan dándoles un nuevo lenguaje. El tema principal y la métrica escogida se conjugan para participar de esa intención de revivir a los textos y de lograr que éstos pervivan a pesar del paso del tiempo.
Forma y fondo, siguiendo el irónico juego propuesto por Javier Krahe, se aúnan para lograr la pervivencia de una tradición muy actualizada (Martínez Cantón, 2013). Podemos verlo en su canción "Asco de siglo", del disco Cábalas y cicatrices (2002), en la que Krahe retoma un modelo de composición como es la elegía para ironizar (muy en su línea) sobre la pérdida de alguien apreciado: en este caso, el siglo XX. Alterna los elogios a los avances científicos y grandes personalidades al mismo tiempo que comienza su canción cargando contra ese siglo que, según parece, no le gusta nada. Tratándose de una elegía y contando con el genio creativo de Javier Krahe, ¿qué mejor modelo sobre el que construir su texto que una de las obras principales de la literatura española como son las Coplas a la muerte de su padre, de Manrique? La genialidad reside en que, como nos indica Martínez Cantón (2013), la escritura sigue el esquema propio de la llamada copla manriqueña en las estrofas primera, central y final, de modo que el contenido de la letra, el mensaje de Javier Krahe, no queda huérfano de un molde que no sólo lo sustenta, sino que potencia su efecto sobre el lector que es capaz de descifrar las claves que este cantautor imprime en su trabajo.

16 de mayo de 2016

Lo que me atreví a preguntarle a mi madre una noche de verano en un patio

Un poema de Lucía Tena Morillo

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Joven poeta extremeña, Lucía Tena ha cursado el Grado de Filología Hispánica en la Universidad de Extremadura. Alumna pues de nuestra Facultad, Tena Morillo tiene varios proyectos literarios entre manos, con un prometedor futuro. Con este poema, Lucía colaboró en nuestra segunda entrega, allá por la primavera de 2016.

15 de mayo de 2016

La mudanza

Por Jaime Romero Leo

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Sonaba Stella by starlight de Stan Gezt. Era Anna Karina viviendo su vida en alguna película de los años sesenta franceses, dando vueltas al borde del vaso con su distraído índice durante... ¿cuánto? ¿Quince, veinte minutos? Su silueta era tal cual la recordaba. 
Había olvidado cuánto hacía desde que se citaban en aquel restaurante. Cuando llegó, ella ya lo estaba esperando en su mesa. Todo sería ideal si no fuese por la peculiaridad de aquel biombo que los separaba y ocultaba al uno del otro. Ese que, su  acompañante, desde la primera cita, se empeñaba en instalar noche tras noche. 
La conversación fluía a través de la muralla de papel de arroz que los dividía. La misma voz, la misma risa. Todo era idéntico a pesar de que solo quedase la silueta. Esa pequeña nariz en algún furtivo recorte del perfil que la luz permitía traslucir a veces. Era ella. De alguna manera, seguía siéndolo.
Pasaban la velada recordando los buenos tiempos, aquellos en los que eran ignorantes y, como tal, jóvenes -y no viceversa, nunca viceversa. ¿Por qué había comenzado todo? Hizo memoria mientras ella seguía embelesada, mirando al vaso pero sin ver nada, transportada, seguramente, al parque en el que transcurrió aquella anécdota que hace apenas unos minutos recordaban entre silencios.
Durante la mudanza, entre los libros, había resbalado y caído la fotografía de un grupo de adolescentes sonrientes y algo desaliñados tras un día de turismo por alguna ciudad de Europa. Cualquiera, daba lo mismo. La imagen se precipitó al suelo con la suavidad de una hoja, trayendo consigo la impasibilidad del otoño.

14 de mayo de 2016

Donato

Por Elías Moro

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Al Donato, todo el mundo en el pueblo, principiando por el alcalde y pasando por mocosos y comadres hasta llegar al cura párroco, que según las malas lenguas fue quien se lo puso una tarde de julepe y vinazo, lo llamaba “El Tío Calambres”. Era este el título de una tonada muy popular el año que Donato vino al mundo, una aterradora y cargante melodía cantada por un tipo grandón y desgarbado que nos vino, en mala hora, del otro lado del charco a dar la matraca a base de bien y cuyas señas más distintivas no eran, que digamos, su exquisita ni embriagadora tesitura vocal y tipo apolíneo sino unas corbatas horrorosas –a cual más espeluznante– que le llegaban hasta la bragueta y unos mofletes fofos y repelentes en desplome continuo, como dados de sí, perfectos para arrearles un buen pellizco a mala leche. O una hostia en condiciones, a ver si se callaba de una puta vez el vocalista ultramarino con la cancioncita del copón. Ya te habrás dao cuenta que en este pueblo –bueno, como en casi todos, creo yo, que levante la mano y tire la primera piedra el que esté libre de pecao– somos muy de poner apodos. Y aunque las monjitas del hospicio –unas brujas, dicho sea de paso, no te fíes ni un pelo de ellas, yo te aviso– lo habían bautizao Donato por el santo del día en que apareció en el torno “berreando como un descosío y cagao hasta las trancas”, como aseguró, implacable y cotilla, la hermana tornera, y Expósito Expósito –éstos por desconocerse el apellido de los progenitores que, según todos los indicios, acaso fueran una pareja de temporeros que apareció por aquí para lo de la vendimia; y vista la tripa con la que ella llegó y lo esbelto de su figura cuando se marchó, no andaría muy desencaminado el rumor aunque “seguro, seguro, la muerte”, que decía mi abuela–), a tenor de la maña que se daba el mocoso con todo tipo de herramientas y utensilios apenas levantó dos palmos del suelo, con “El Tío Calambres” se quedó para los restos. Ya le podías llamar Donato catorce veces seguidas que el tío ni se inmutaba, no se daba por aludido, “pasaba de ti”, como suelen decir los mozos de ahora con su labia insulsa. 
Hasta el cartero (un lumbreras, el Ginés, que éste también es para traca) devolvía la correspondencia que le llegaba con su nombre legal, tal era la fuerza del alias. Como no pusiera bien clarito en el sobre “El Tío Calambres”, carta p´atrás como que mañana es domingo. Coño, no le entregaba ni las del banco, que más de una vez estuvo la tontería a puntito de costarle al Donato algún disgusto de los gordos.

13 de mayo de 2016

La fórmula de Platón ya no vale...

Un poema de Juan Manuel Barrado

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Poeta y profesor de Lengua y Literatura en la Enseñanza Secundaria, Juan Manuel Barrado ha publicado, entre otros, los libros Texto azul del Café Rocco (Col. Alcazaba, 1997), Suite Celan (ed. autor, 2002), Fragmentos de cal (El Gaviero, 2008) o Trece de nieve (ERE, 2012). Como poeta experimental su obra ha sido recogida en catálogos como Galería Dasto e incluida en antologías como Poesía visual española (Calambur, 2007). Con este poema inédito, Barrado colaboró en el segundo número de Heterónima.

12 de mayo de 2016

Tímidos del mundo, uníos

Por Javier Rodríguez Marcos

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“Es tímido, distante, poco afable”. Pensé que las noticias hablaban de mí, pero hablaban de un presunto homicida. Si hubieran dicho que era extravertido, cercano y cordial la descripción funcionaría, sin duda, como un atenuante. Como cuando se dice de un terrorista que parecía una persona normal. Distante, poco afable y tímido no podían ser más que agravantes. Me molestó la descripción. Como si hubiera una relación causa-efecto. Carácter es destino, les faltaba decir. Primero me molestó, más tarde me alarmó. Me tuvo nervioso todo el día. ¿Habrían escuchado las noticias mis vecinos? Bajé por la escalera para no tener que coincidir con nadie en el ascensor. Casi en la calle, a la altura del 1º D, me di de bruces con la señora Patro, 88 años. Me tiene cariño, yo lo sé, pero no olvido que alguna vez me dijo que su nieto también era muy tímido, callado, “como tú”. Traté de recordar si había añadido “distante, poco afable”. Luego escapé al portal.
Salí a la calle fijándome en todo, sonriendo a los desconocidos, saludando a gente a la que nunca había visto. Trataba de parecer afable, me temo que resulté sospechoso. ¿Demasiada ropa para un día de agosto? Maldita manga larga. Y todo por el aire acondicionado. Me acordé de un poema de Joseba Sarrionaindía que habla de un hombre que ha estado en la cárcel. Durante el resto de su vida, dice, dentro de él vivirá un condenado: ve fiscales y jueces por todas partes; cree que los policías, aun sin reconocerlo, lo miran más que al resto de los transeúntes. ¿Por qué? Porque su paso no es sosegado o bien porque es demasiado sosegado. 
Tímido, distante, etcétera. Parecía la primera línea de la condena: prisión permanente revisable, ese eufemismo para cadena perpetua. “Estás callada por indecisión y te llaman orgullosa”. Camino del quiosco se me pegó esa cancioncilla de Sr. Chinarro. Me puse a simular que hablaba con el teléfono móvil.

11 de mayo de 2016

Itinerario de la ocultación de la identidad en Lope de Vega: del pseudónimo al heterónimo

Por Ismael López Martín

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La producción literaria de Lope Félix de Vega Carpio es, en muchas ocasiones, biográfica, circunstancia que ha sido ratificada por la crítica en varios momentos. El Fénix –autor prolijo en todos los géneros literarios– supo insertar referencias a su propia vida en muchas de sus obras, aunque se ayudaba de distintos procesos de ocultación de la identidad, resolviéndolos él mismo en algunos casos.
El primer y más básico procedimiento que utilizó Lope para introducir apuntes biográficos en sus obras sin que saliera a relucir su nombre o el de las personas que se relacionaban con él fue el del pseudónimo. Se trata de un mecanismo sencillo porque básicamente requiere un cambio de nombre, sin más, y el autor puede atribuir a cada personaje una vida propia que, sin duda, está atemperada con las notas vitales del Fénix y de su círculo más cercano. El autor madrileño construyó toda una estructura de pseudónimos que se referían tanto a él como, fundamentalmente, a los distintos amores que mantuvo a lo largo de su vida, y ello se vio especialmente reflejado en su producción lírica, donde participó de una alteridad biográficamente recurrente durante varios años, ya que aunque pasaran el tiempo y los amores, el Fénix retomaba los pseudónimos de las destinatarias de su amor (o de su desamor) en distintas composiciones.Es muy importante anotar que Lope fue capaz de crear una familia de pseudónimos, unos personajes perfectamente reconocibles y que forman parte de sus obras en general, ya que son típicos personajes lopescos que aparecen en varias composiciones, como el caso de la familia Pez en Benito Pérez Galdós. Se trata, pues, de una complicación del concepto de pseudónimo que el Fénix supo llevar a buen término hace ya, aproximadamente, cuatro siglos. Algunos de esos nombres encubiertos, que se explican más adelante, han pasado a la posteridad y son muy conocidos.

10 de mayo de 2016

Amable sotavento

Por Rafael Banegas

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Me pide Antonio Rivero Machina, si así lo deseo, que escriba sobre mi concepto de la otredad, sobre los heterónimos, sobre los desdobles del creador y, en mi cerebro, como impulsada por un resorte, aparece la palabra ego. Feliz contradicción —que me pidan hablar sobre el otro y…— aunque en realidad he mentido parcialmente hace cinco segundos: el sagaz Antonio me deja la libertad de escribir un poema o un texto en prosa sobre esos conceptos pero suelo hacer caso a mis instintos más primarios y no puedo más que aprovechar este impulso inicial y exponer las ideas —pocas y deudoras— que he ido esbozando en mis dos primeros libros, donde he intentado explicarlas mediante otro lenguaje. Por muchos rodeos que dé, no creo que sepa manifestarlo mejor, pero no siempre le dejan a uno escribir sobre sí mismo mientras finge estar haciéndolo de los demás.
En mis coordenadas poéticas, la búsqueda del otro siempre ha tenido como catalizadores la necesidad de completarme y la necesidad de diluirme. Y cuando utilizo el pronombre personal me refiero al sujeto que habla en mis poemas: se parece tanto a mí que utilizo la primera persona, pero no soy yo, y perdonen por esta burda clase no demandada de teoría literaria. Aquí, en mi caso (y en el de otros muchísimos poetas), ya está el primer desdoble.
No he aspirado nunca a vivir en los extremos de Machado o Pessoa, bestias, creadoras de heterónimos (no entraré aquí en apócrifos o heterónimos), que necesitaban decir a través de otro aquello que ellos querían decir pero no hubieran podido —o querido— manifestar a través de su yo, o quizás existían verdaderamente para ellos, o quizás fuera un juego muy serio, o un impulso inconsciente, o todo a la vez, vaya usted a saber. Lo que sé es que dentro de mis juegos, de mi mundo literario, buscar al otro, pedir —incluso exigir— su voz, su presencia dentro del poema, es un ejercicio que me permite aderezar un poco las carencias de un sujeto poético parcial, fragmentario, con una linde necesaria. Es posible que de forma falsa, es posible que intentarlo no sea suficiente para alcanzar la pretendida —atención, palabra ostentosa— plenitud.

9 de mayo de 2016

La nieve, la electricidad

Un poema de Luis Chaves

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Considerado una de las figuras más destacadas de la poesía costarricense contemporánea, Luis Chaves recibió el Premio Nacional "Aquileo Echeverría" en la categoría de poesía por su libro La máquina de hacer niebla (La Isla de Siltolá, 2012). Es autor, entre otros, de los poemarios El anónimo (Guayacán, 1996), Chan Marshall (Visor, 2005) y Monumentos ecuestres (Germinal, 2011). También ha publicado los libros en prosa 300 páginas (Lanzallamas, 2010) y Salvapantallas (Seix-Barral, 2015), entre otros.

8 de mayo de 2016

De las voces que escribo

Por Mario Martín Gijón

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Todo empezó cuando empecé a oír la voz de aquel profesor desterrado en mi cabeza. Es cierto que me habían contado de un docente de la Universidad de Perpiñán que presumía de haber conocido a eminentes escritores y cineastas que, por edad, era bastante improbable que hubieran coincidido con aquel farsante. Pero había en la voz de quien me hablaba un cierto patetismo que lo diferenciaba de aquel sinvergüenza, algo que me recordaba a los dignos lamentos del exilio de Juan Rejano, o al testimonio de Manuel Andújar en Saint Cyprien, plage... Por eso le hice caso, y apreté los puños al escuchar su fatídico error en 1944.
Podría hablar de otra manera sobre estas cosas y desenrollar ahora el pergamino teórico de una poética de la ficción, invocando los últimos avances de la narratología cognitiva (Fludernik, Cohn, Ryan) que han superado las limitaciones del estructuralismo y aquellos críticos que se sentían más importantes que los escritores al diseccionar la literatura en base a sus funciones. Qué mayor simpleza que calificar, como hizo Roland Barthes, de “seres de papel” a quienes resultan más vitales que la mayoría de nosotros e igualarlos a “meras palabras”, como si no fuera evidente que no podemos olvidar a Julien Sorel, Diego de Zama o Maximilian Aue, aunque apenas recordemos las palabras con las que fueron conformados. En lugar de “actantes”, como el burdo Greimas, hablar de “conocedores” (cognizers) como hace Uri Margolin, me parece más sensato, y más simpatía aún me despiertan Thomas Pavel y Lubomír Doležel con sus teorías sobre los mundos ficcionales. Podría seguir por este camino, pero no haría sino justificar a posteriori lo que un escritor siente de una manera muy distinta, racionalizando algo que no se produjo así. Es peligroso practicar la crítica literaria cuando a la vez se escribe, pues el análisis de una obra muchas veces tiene el mismo efecto que la autopsia sobre un cuerpo vivo. José Herrera Petere, Ernesto Giménez Caballero o Máximo José Kahn podrían haber sido deslumbrantes personajes de ficción, pero fueron personas históricas, que ya fallecieron, y que por tanto no hablan sino a través de los textos que dejaron. Muy distinto es el caso de los personajes que, mal que nos pese, nos sobrevivirán.
Así, aunque coincidí en Lisboa con aquel francés que tomé al principio por ocioso jubilado de turismo, fue un mes después cuando, paseando por la playa de Alicante, desierta en aquella noche de otoño, se me reveló la verdadera tragedia que lo había llevado a retornar a la ciudad de su infortunio y deambular por las arenas de Caparica, al otro extremo de nuestra península. Cuando dos años después estuve en la Gare d’Austerlitz, creí atisbarlo subiendo de nuevo a un tren con destino al sur, pero me temo que no era él. El epígrafe de Pessoa que precede el relato fue quizás una insinuación de reproche por mi parte: Si hubiera leído al poeta del que tanto le hablaba Manuela, seguramente la hubiera sabido comprender.

7 de mayo de 2016

Infancia de la poesía

Un poema de Eliécer Almaguer

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Joven poeta cubano, Eliécer Almaguer es autor de los poemarios Canción para despertar al forastero (Eds. La Luz, 2010) y Si Dios voltease el rostro (Premio de Poesía San Arnoldo Janssen  2010). Ganador del "Premio Nuevas Voces de la Poesía de Holguín 2009" y del "Premio Nacional de Poesía Adelaida del Mármol 2012", entre otros; ha sido incluido en las antologías Nueva poesía cubana (Perú, Elefantes Eds., 2010) y Cuarta dimensión de la tarde. Poetas cubanos y hondureños (Eds. La Luz-Ed. Nagg y Nell, 2011).

6 de mayo de 2016

Non finito: refundición y plagio de un texto de Óscar de la Torre

Por Julio César Galán

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Hace años, allá por el 2006, le comenté a Diego Jesús Jiménez, amigo y maestro, que mi intención poética necesitaba dar cuenta de la amplitud del poema, de todo aquello que se queda por el camino. En su momento no me decidí con Tres veces luz y acabé por normalizarlo (El primer día (2) se mantuvo oculto hasta su justa consumación), pues este libro contenía aquello que vendría después: Inclinación al envés (Pre-textos, 2014) y aquello que aún no había enseñado en El primer día, poemarios que me van a servir para hablar un poco sobre identidad y concepción del texto poético. Empecemos por una serie de aforismos que son caros a cuanto quiero decir: 1.) “El proceso es el fin”; 2.) El poema es un aprendizaje por error, así que hay que mostrar también esos errores”; y 3.) “Crear es interpretar y viceversa”. Estos aforismos quieren dar cuenta de la poesía como transcurso y transformación incesante; quieren sacar el antes, el durante y el después del poema, así como las identidades que lleva dentro; quieren reflejar todo un conjunto de transtextualidad, hipertextualidad, paratextualidad, etc., el cual expone su visión del texto a modo de metamorfosis (también, de la identidad del autor y de sus otredades) o como versión plural y proteica. 
La muestra de las distintas vidas de un poema por medio de múltiples notas, de versos excluidos, de lectores integrados en el texto, heterónimos, versiones, reescrituras, tachados, lexicalizaciones, símbolos que hablan del inacabamiento de cada textualidad, etc, exponen todo un abanico de logofagias. Con este arsenal se intenta, en esencia, revelar la sinceridad de uno mismo con la creación poética, es decir, no caer en la concepción del poema como espacio cerrado, concluido y perfecto. Nos encontramos en la diseminación como una pluralidad de sentidos del texto y desde aquí podemos tomar, transformando a Derrida, las re-creaciones como reflejo de esa variedad.
En cada texto hay una labor oculta de reescritura, a veces palpable en borradores y revisiones que dan cuenta de su proceso genético, creando una serialización de espejos sobre el poema último. Corrección y reescritura: un elogio del boceto. Por eso, la creación poética, desde este punto de vista que vengo exponiendo, es un conjunto “de huellas del texto primitivo”. Versiones de un texto, un libro en el que se presenten los esbozos y las correcciones: una traducción de lo inacabado. Non finito.

5 de mayo de 2016

Citaciones y recordatorios (fragmentos)

Por Luis Yuseff Reyes

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Yuseff Reyes es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y merecedor de numeros premios literarios, ha publicado los poemarios El traidor a las palomas (Eds. Holguín, 2002), Vals de los cuerpos cortados (Eds. Holguín, 2004), Yo me llamaba Antonio Broccardo (Eds. Almargen, 2004), Esquema de la impura rosa (Eds. Vigía, 2004), Golpear las ventanas (Ed. Letras Cubanas, 2004), Salón de última espera (Casa Editora Abril, 2007), Los silencios profundos (Eds. Holguín, 2009), La rosa en su jaula (Ed. Oriente, 2010), Los frutos de Taormina (Ed. Matanzas, 2010;) y Aspersores (Ed. Letras Cubanas, 2012), merecedor este último del "Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén".

4 de mayo de 2016

Encuentros con Elena Poniatowska

Por José Ignacio Úzquiza

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En el convento de San Francisco, un monumento del siglo XVI en la ciudad de Cáceres, conocimos a Elena Poniatowska, recién llegada de México a España por primera vez, para asistir a un Simposio Internacional sobre literatura hispanoamericana que organizamos allí, en noviembre de 1990. No sabemos cómo fue, pero el caso es que Elena Poniatowska llegó aquí, un poco por el empeño y otro más por el acaso.
Meses antes del simposio me presenté en su casa de la ciudad de México para invitarle a venir a donde ella no sabía y desde ese día, hasta el día mismo del simposio estuvimos pendientes de su venida.
En Cáceres habló de la literatura testimonial en América Latina, un tema que ella había cultivado bajo diferentes formas, ya fuera con documentos testimoniales directos (La noche de Tlatelolco y la matanza de estudiantes en el México del 68, o Nada. Nadie y el terremoto mexicano de 1985), ya fuera también con testimonios indirectos (Hasta no verte, Jesús mío).
En esta última obra, Jesusa Palancares, o Fermina Bórquez en la realidad, es el centro de un entorno social anónimo y marginal, en contraste con el entorno de la propia Elena Poniatowska: un entorno letrado reconocido. A partir de aquí, el contraste entre ellas –Elena y Fermina–, las voces de ellas dos juntas interviniéndose mutua y recreativamente. «Lo único que hago es escuchar a un pequeño sector, que me ha dado su confianza y reproducir su voz. Escuchar ha sido siempre un gran aprendizaje para mí» (Revista AZB, septiembre.octubre 1995). Añadía luego, «y le saqué raja a ella» (Fermina-Jesusa).
Elena llegó a decir, con franqueza, que tanto «Oscar Lewis (con su familia Sánchez y su «antropología de la pobreza») como yo ganamos dinero con nuestros libros sobre los mexicanos que viven en vecindades desamparadas (…) Ni mi vida actual ni la pasada tenía que ver con la de Jesusa. Seguí y me siento ante todo una mujer ante una máquina de escribir» (Luz y luna, las lunitas, pp. 50-52).

3 de mayo de 2016

Dos poemas de M.G.V.

Por Manuel García Verdecia

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García Verdecia nació en Holguín, en 1953. Es poeta, profesor, traductor y editor. Licenciado en Lengua Inglesa, diplomado de Lengua Francesa y Máster en Cultura Cubana. Ha sido profesor en universidades de Cuba, Canadá, República Checa y México. Sus últimas publicaciones incluyen Saga de Odiseo (poesía, Ed. Unión, La Habana, 2006); Hombre de la honda y de la piedra (poesía, Ed. Unión, 2008); Camino a Mandalay (poesía, Eds. Holguín, 2008); así como Travesías (cuentos, Eds. Holguín, 2004); El día de La Cruz (novela, Ed. Oriente, 2008). De sus traducciones destacan Las musas inquietantes, poesía de Sylvia Plath, (Eds. Holguín, 2002); Intimate strangers, poesía cubano-canadiense, (Ed. Hidden Brook Press, Toronto, 2004); Hojas de Hierba, de Walt Whitman (Ed. Arte y Literatura, La Habana, 2006), El profeta, de Khalil Gibram, (Ed. Arte y Literatura, 2006), y El templo de mi espíritu, de Alice Walker, (Ed. Arte y Literatura, 2010). Ha obtenido varios galardones donde sobresalen el Premio Nacional de Poesía Adelaida del Mármol, 2000; el Premio Nacional de Poesía Julián del Casal 2007; el Premio José Soler Puig de novela, 2007; el XIII Premio Nacional de Poesía La Gaceta de Cuba 2008; el Primer Premio del concurso internacional La poesía lleva alas, de la Editorial Voces de Hoy, de Miami, EE.UU., 2009, y mención del Premio Casa de las Américas 2010.